jueves, 26 de junio de 2008

SUBJETIVIDADES

EL SENTIDO DEL TIEMPO Y LOS MIEDOS EN EL ADULTO MAYOR




Según la cultura occidental, la vejez se construye en oposición a la juventud. Movilidad, pasión, salud, belleza y juicio alborotado vs. Quietud, enfermedad, apatía, fealdad y sensatez. A los distintos estados fisiológicos propios de las distintas edades corresponderán distintas disposiciones del alma y sus respectivas conductas; jóvenes melancólicos y viejos eufóricos pueden levantar sospechas. La vejez es el negativo de la juventud. Los refranes, que pueden ser buenos indicadores de la mentalidad tradicional, abundan en esta brecha: “no hay mozo triste, ni viejo alegre”, “no hay mozo doliente, ni viejo sano”, “ni moza fea, ni vieja hermosa”, “cambio vieja de 60 por cuatro de 15”. Se evidencia así un orden, claridad y diferencia: “cada cual en su lugar, y cada cual con su cada cual”.

El paso del tiempo sobre nuestras vidas deja huellas en nuestro cuerpo, recordándonos que somos perecederos y mortales. Esta subjetividad del tiempo en el adulto mayor trae consigo crisis existencial, apareciendo reflexiones acerca de cómo se vivió, qué se hizo y qué se dejó de hacer.

El concepto del tiempo pone de manifiesto lo que ya pasó y lo que está sucediendo; es decir, pasado y presente. El pasado evoca todas las experiencias vividas, las cosas que se hicieron, las que se dejaron de hacer y aquello que “hubiera” (palabra dolorosa que no pudo ser) querido hacer. El presente se encuentra cargado de rutina, aburrimiento, soledad y tiempo desocupado, a esta altura de la vida cuando ya no “se es”, en relación con los roles que daban sentido e identidad, como el laboral o la educación de los hijos. El futuro hace pensar en vejez, más enfermedad, más limitación y muerte.

Al encontrarse el adulto mayor con los cambios que le suceden a nivel biológico, psicológico y social, esto le significa una carga de inquietud, desasosiego, incertidumbre, inseguridad y por supuesto, miedo a lo nuevo y a lo desconocido y más aún a lo mal conocido.

Con esta percepción del tiempo aparecen los miedos a la vejez, a la soledad y a la muerte. Esta vivencia de transitoriedad que da el tomar contacto con el tiempo desencadena el interrogante sobre el porvenir y éste se presenta a menudo con la cara de la vejez y de la muerte.



EL FANTASMA DE LA MUERTE


La muerte es una realidad que nos espera a todos los seres humanos, y que nos está esperando desde que nacemos. Desde que el mundo es mundo los seres humanos se han cuestionado sobre la muerte. Lo verdaderamente paradójico e interesante desde el punto de vista psicológico, es que a pesar de esta realidad que todos conocemos, tenemos una gran resistencia a admitir nuestra propia muerte y vivimos más o menos intuitivamente como si fuéramos inmortales. Todo el mundo sabe de una manera teórica que hemos de morirnos, pero sin apropiárselo. Tenemos la convicción de que son los demás los que han de morir.

¿Teme el adulto mayor a la muerte?
La representación colectiva de la muerte puede tornarse inquietante en función de factores epocales e incluso generacionales. La biografía del individuo y la forma como ha vivido la muerte de otros, es también un factor determinante. Por otro lado, el desarrollo de la tecnología médica ha convertido la muerte en una realidad contingente que la ha separado un poco de la vejez. La muerte ha dejado de ser una realidad y se ha producido un desplazamiento hacia la enfermedad. Lo que mata es la enfermedad y la muerte es solo el resultado de ella. Ya no se espera que el adulto mayor construya su vejez en torno a la muerte como referente básico de sentido, se le pide que no piense en ella. Si abunda en ideas de muerte será conveniente que sea atendido por el especialista, puede padecer un proceso depresivo o una fijación fanática, entre otras.

En la vejez la muerte propia se siente cerca y se aproxima cada vez más a través de la pérdida de seres queridos (amigos, familiares, pareja). Es la vejez también, tiempo de balance de las adquisiciones y las pérdidas, balance que enfrenta al sujeto con los irrealizables, que encuentran la posibilidad de continuidad en las generaciones posteriores (“continúen con su obra, trascienden más allá de su presencia”). Se irán tomando diferentes posiciones frente a la muerte, asimismo se implementarán defensas ante la angustia que despliega. La muerte se presenta como hecho inevitable y no estaremos nunca preparados para recibirla.

Freud,S: el inconsciente no cree en la propia muerte, se conduce como si fuese inmortal, las contradicciones se funden con él y la realidad psíquica desconoce y descree del acto de la muerte. Más fácilmente aceptamos la muerte cuando se trata de algún extraño o un desconocido.

La filosofía ha afirmado que el enigma intelectual, la imagen de la muerte, planteaba una reflexión del tema. Lo que dio el impulso a la investigación humana no fue el enigma intelectual, ni cualquier muerte, sino el conflicto sentimental emergente de la muerte de seres queridos, el hombre no podía mantenerse alejado de la muerte propia.

Joseph M Fericgla, en Envejecer, una antropología de la ancianidad, propone pensar la religiosidad como la función simbólica y de imagen mental para resolver la muerte a nivel psicológico y realizar una creación simbólica.