LOS LUTOS DE ANTAÑOHasta la mitad del siglo pasado los lutos de la Costa Caribe se distinguían por las siguientes características: en primer lugar, las mujeres usaban dos vestidos, uno negrito abajo y uno negro encima. Los hombres usaban blondas negras en el sombrero y en la manga de la chaqueta. Los lutos podían durar un año o más, de acuerdo con la relación con el fallecido. Las casas se cerraban herméticamente y hasta a los cuadros de la casa les ponían cinta negra; música, ni a distancia, ir al cine era un pecado y mucho más a tertulias. Eran costumbres heredadas, y los muchachos de entonces cumplían las órdenes superiores.
En una ocasión, un grupo de muchachos y muchachas organizaron un baile para el sábado de Carnaval, y la casa donde se iba a realizar era de una política liberal, pero como ese sábado de Carnaval se murió en Bogotá el General Benjamín Herrera, la dueña de la casa impidió el baile. Recuerdo que una madre regañaba a sus hijos por haber bailado a su abuelo al día siguiente de su muerte, y estos le respondieron que sí habían bailado, pero con un capuchón negro. No intento hacer comparaciones con los lutos actuales pero sí son notorias las diferencias. Recuerdo también que una familia estaba de luto y les enviaron de regalo unas manzanas, pero la familia las devolvió porque ellos solamente podían comer caimitos y cañandongas.
En los primeros años del siglo 20 había dos agencias funerarias, la de los Cabrera y la de los Benítez, que vendían todo lo necesario para el entierro. Los cementerios eran únicamente el Universal y el Calancala. Lo que es inevitable es que algún día tenemos que despedirnos, y como dice el refrán: “Que nos coja confesados”.
Rafael Rivera Fernández
Tel. 3533693
Publicado en El Heraldo, no se conoce fecha.
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